Todo en Emmanuel Macron (Amiens, 48 años), aquel Júpiter llegado a la política en 2017 para transformarla radicalmente, fue siempre precoz. Su éxito fulgurante, también su declive. Tras nueve años en la jefatura del Estado de Francia, ha atravesado prácticamente todas las fases. Hoy, tras un periodo trufado de crisis políticas, enfila la recta final de su mandato. Debilitado internamente, ha decidido volcarse en su faceta de líder internacional y gran opositor al nuevo imperialismo de EE UU, terminando su aventura tal y como la empezó en su famoso discurso de La Sorbona. Es decir, invocando la urgente necesidad de soberanía europea. “Es el momento de que Europa despierte, de salir del estado de minoría geopolítica. Si no decidimos por nosotros mismos, seremos barridos“, señala en una entrevista en el Palacio del Elíseo concedida a EL PAÍS y a un grupo de seis periódicos internacionales para abordar algunos de los aspectos que propondrá en la reunión informal de líderes de la UE que se producirá el jueves centrada en relanzar la economía comunitaria. Pregunta. La fragilidad francesa parece haber debilitado el histórico eje franco-alemán en favor de Italia. Lo hemos visto en el último documento que ambos países han elaborado juntos sobre la competitividad.Respuesta. Cuando el grupo franco-alemán está alineado, Europa puede avanzar, pero siempre hay que respetar a los demás y comprometerlos. Es normal que con motivo de una cumbre germano-italiana, se haya elaborado un documento conjunto sobre el crecimiento. No veo nada nuevo bajo el sol. El tema es cómo se posiciona Europa ante un nuevo orden mundial. P. ¿Y cómo debe hacerlo?R. Los europeos nos enfrentamos a un enorme desafío. El cambio climático avanza cada vez más rápido. EE UU se suponía que nos garantizaría la seguridad para siempre, pero ahora es un interrogante. Rusia debía suministrar energía a bajo coste para siempre, y lleva tres años sin hacerlo. Y China, que era un mercado de exportación para muchos, se ha convertido en un competidor cada vez más feroz. Esta revolución, por así decirlo, se ha acelerado profundamente tras la salida de la Covid, e incluso más en el último año. Y por eso el retiro del jueves es muy importante. P. ¿Qué planteará?R. La pregunta es sencilla para los europeos: ¿Estamos preparados para convertirnos en una potencia? Nos mantenemos firmes, pero reaccionamos con demasiada lentitud. Si decidimos seguir siendo un mercado expuesto a todos los vientos, sin decidir por nosotros mismos, seremos barridos. Somos el factor de ajuste del resto del mundo. Somos 450 millones de ciudadanos y de consumidores, pero también millones de productores. Es el momento de que Europa despierte, de salir del estado de minoría geopolítica, también en defensa y seguridad. La coalición de voluntarios para Ucrania con los británicos es la revolución que hemos logrado en el último año.P. ¿En qué sentido?R. Hace un año dependíamos totalmente de los estadounidenses para ayudar a Ucrania. Ahora, esta coalición, que reúne a la Gran Europa más allá de las fronteras de la UE e incluye a Canadá, financia la mayoría de ayuda a Ucrania, proporciona casi todos los instrumentos de localización e identificación de objetivos para la resistencia ucraniana y ha logrado las garantías de seguridad. Queremos contratar a los estadounidenses para que nos ayuden, pero ya no dependemos totalmente de ellos. Y ahora, la revolución que debemos llevar a cabo es en el plano económico. P. Durante nueve años ha defendido esta visión de la soberanía europea. Pero sus detractores dirán que, entre los pilares, la protección es proteccionismo, que está a favor de la diversificación de las alianzas, pero en contra del Mercosur… R. El Mercosur es un mal acuerdo. La estrategia es buena, la señal geopolítica es la correcta. Por eso también he multiplicado los viajes a esa región. El problema del Mercosur es que el mandato es demasiado antiguo. Abogo por las cláusulas espejo, lo que significa que impongo a los productores no europeos las mismas restricciones que a los míos, lo cual es justo si no quiero desindustrializar. Yo defiendo los acuerdos justos y, por lo tanto, los acuerdos en los que hay salvaguardias y en los que se respeta el clima al mismo tiempo que se consigue lo que queremos para la economía. Es un acuerdo antiguo, mal negociado. P. Hay una situación de emergencia en el mundo, ¿tiene la impresión de que este sobresalto europeo puede ganar peso después de Groenlandia, después de la guerra de aranceles? Emmanuel Macron, durante la entrevista en el Salón Verde del Palacio del Elíseo.KAMIL ZIHNIOGLU (LE MONDE)R. Mario Draghi se pronunció recientemente a favor del federalismo. Pero lo que quería decir, en el fondo y coincidiendo con lo que yo vengo diciendo desde hace años sobre el poder, es que se necesita un mando común. Nuestra Europa ha fracasado cuando ha sido lenta o se ha mostrado dividida. La crisis financiera provenía de los EE UU, pero nos hizo sufrir a nosotros diez veces más. Los estadounidenses tomaron decisiones rápidas y conjuntas. Para nosotros, fue un choque asimétrico, nos dividimos. Y tardamos entre cinco y diez años en resolver la crisis. Por el contrario, cuando tuvimos un choque simétrico, que afectó a todo el mundo por igual, estuvimos unidos y fuimos rápidos. En Ucrania tardamos 48 horas en poner en marcha un programa de ayuda para hacer frente a las consecuencias en nuestras economías. P. ¿El viejo orden ya no existe?R. La gente tiene dudas. Cuando salimos del pico de la crisis, cuando se negoció un acuerdo para los aranceles, hubo una especie de alivio cobarde. Pero no crean ni por un segundo que ha terminado. Miren lo que va a pasar con los aranceles en los productos farmacéuticos y todo lo que viene. Cada día, cada semana, habrá amenazas. Hubo insultos e intimidaciones sobre Groenlandia y, de repente, un retroceso. Debemos ser conscientes de que la crisis que estamos viviendo es una profunda ruptura geopolítica. Tenemos el tsunami chino en el plano comercial y la inestabilidad en la parte estadounidense. Las dos crisis suponen un choque profundo, una ruptura para los europeos. Si queremos ser espectadores, seremos vasallos. Haremos lo mismo que antes con los chinos y les aseguro que, dentro de cinco años, habremos desaparecido. Estamos en lo que llamaría el momento Groenlandia, que sin duda es el que hizo que los europeos tomaran conciencia de que había una amenaza. Pero no es suficiente. Hubo insultos e intimidaciones sobre Groenlandia y, de repente, un retroceso. Pero no ha terminado. Cada semana habrá amenazas. Estamos viviendo una profunda ruptura geopolíticaP. ¿Y entonces?R. Estamos solos. Los europeos siempre pensaban que había alguien que les ayudaría, nos habíamos acostumbrado a eso. Y para mí esto es la culminación definitiva de la aventura europea de los últimos 70 años. Nos unimos para no volver a hacer la guerra, nos unimos para hacer un mercado, pero, en realidad, siempre nos habíamos prohibido pensar juntos en el poder. ¿Por qué? Por una sencilla razón: porque hasta 1945, el poder era la guerra civil. El poder europeo es ahora algo que hacemos juntos para protegernos del resto del mundo, para intentar llevar adelante nuestro modelo y para evitar sufrir. Somos Europa, y es un lugar enorme con 450 millones de habitantes. Emmanuel Macron, en su oficina, la tarde del lunes, antes de celebrarse la entrevista.KAMIL ZIHNIOGLU (Le Monde)P. Mario Draghi habla de federalismo reforzado. ¿Está de acuerdo?R. Desconfío del término federalismo, alimenta fantasías. ¿En 2026 conseguiremos introducir cambios en el tratado que nos permitirán tener instituciones diferentes? Soy lúcido y realista: no. Pero creo que sabemos lo que es un federalismo pragmático. Unirse rápidamente, decidir juntos. Y por eso digo que si en seis meses no hemos tomado decisiones firmes, si seguimos en fase de debate, tal vez haya que abrir vías de cooperación.P. ¿Cómo financiaremos este gran cambio?R. Primero hay que volver a movilizar nuestro ahorro. En Europa contamos con el mayor volumen de ahorro del mundo: 30 billones de euros. Pero ese ahorro financia nuestra deuda y, en lo demás, se va al extranjero. Cada año, 300 000 millones de euros financian a las empresas estadounidenses. Al mismo tiempo, dado que el presupuesto europeo está limitado, es el momento de poner en marcha una capacidad común de endeudamiento para estos gastos de futuro: eurobonos de futuro. Se necesitan grandes programas europeos para financiar los mejores proyectos.P. Y en esta estrategia de unión que dibuja, ¿qué impacto podría tener la llegada de un gobierno de extrema derecha en países de la Unión Europea como Francia o España?R. He visto en la mesa del Consejo a personas elegidas en contra de la idea europea y que se organizaban para bloquear a Europa. Pero también a algunas que se beneficiaron de la generosidad europea y se volvieron pragmáticas. No quiero prejuzgar. En los países con un auge de la extrema derecha, la lucidez de sus dirigentes les ha llevado a darse cuenta de que se beneficiaban mucho de Europa, de sus subvenciones, de sus programas de reactivación, y que no estaba tan mal. P. La unión de la que habla el informe Draghi también se basa en la energía. Francia nunca ha fomentado las interconexiones con España para aprovechar la energía renovable…R. Lo de España es un falso debate. Su problema es que tiene un modelo 100% renovable que su propia red doméstica no soporta. El apagón español no tiene nada que ver con las interconexiones, sino con el hecho de que ningún sistema, al menos con la tecnología actual, puede soportar tal dependencia de las energías renovables. Se necesita estabilidad en la combinación energética, porque, de lo contrario, se producen choques demasiado grandes. Pero no se trata solo de interconexiones. Se necesitan redes. R. La semana pasada su consejero diplomático estuvo en Moscú para tantear el reinicio del diálogo entre Francia y Rusia. ¿En qué punto se encuentra? P. Lo detuvimos en la primavera de 2022, tras los crímenes de guerra y otras atrocidades. No llevaba a nada. Y no tenía sentido reanudar el diálogo en plena guerra. Ahora el nivel de pérdidas y desgaste de ambos bandos hace que sea legítimo plantearse la posibilidad de ponerle fin. Y desde hace varios meses, los emisarios estadounidenses han reanudado las conversaciones. Mi reflexión es muy sencilla. ¿Queremos delegar esta discusión en otros? Nuestra geografía no va a cambiar. Nos guste o no, Rusia mañana seguirá estando ahí. Y resulta que está a nuestras puertas. Es importante estructurar la reanudación de un debate europeo con ellos. Sin ingenuidad, sin presionar a los ucranianos, pero no depender de un tercero en este debate. ¿Y qué he obtenido ahora? La confirmación de que Rusia no quiere la paz ahora. Pero, sobre todo, hemos reconstruido estos canales de diálogo a un nivel técnico. Mi deseo es compartirlo con mis socios europeos y tener un enfoque bien organizado. ¿La paz en Ucrania? No vamos a delegar los intereses europeos en nadie. Tampoco en los EEUU P. ¿Cómo se estructurará ese diálogo?R. Sin demasiados interlocutores, con un mandato concreto, una representación sencilla. El día que llegue la paz, también afectará a Europa. Las garantías de seguridad son la coalición de voluntarios. La coalición de voluntarios es el 80 % de los europeos. Y tendremos que construir una nueva arquitectura de seguridad en Europa con Rusia. La prosperidad del mañana concierne a los europeos. ¿O prefieren dejar que los embajadores y emisarios estadounidenses negocien en su nombre la fecha de entrada de Ucrania en la UE? Es realismo y autoestima. No temamos ser nosotros mismos. Es un interés europeo. Por eso quiero que Europa se siente en la mesa de negociaciones para una paz lo más rápida posible, habiendo protegido al máximo los intereses ucranianos, porque tenemos intereses europeos que defender. Y no los voy a delegar en nadie. Tampoco en los EE UU. P. Antes ha dicho que el capítulo de Groenlandia no ha terminado. R. Nada está decidido. Hay un debate en curso con nuestros amigos daneses. Ellos decidirán. Pero no permitiremos que se ejerza coacción sobre ellos. Y luego está el marco de la OTAN, en el que llevaremos a cabo ejercicios más duraderos ahí. Las cosas están claras. Pero habrá próximas etapas. La naturaleza del discurso que se ha articulado sobre Groenlandia y las tomas de posición deben desvincularse de una supuesta amenaza geopolítica sobre el territorio de Groenlandia. Que nadie se engañe pensando que la verdadera intención de EE UU era simplemente hacer frente a una amenaza geopolítica. No eran los rusos ni los chinos quienes la amenazaban. Puedo decirles que hemos hecho un balance de inteligencia del número de barcos y submarinos rusos y chinos que se encontraban alrededor de Groenlandia y cuya presencia hemos detectado: es insignificante. Están esencialmente en los límites del Báltico y en Europa. P.¿Y las amenazas a la UE de aumentar los aranceles de nuevo se han terminado?R. No hay que relajarse pensando que todo ha terminado después de que un pico de crisis se alivie. Estamos en una inestabilidad permanente. Hubo una amenaza arancelaria que se intensificó mucho hasta el verano de 2025. Se llegó a un acuerdo comercial para saldar todas las cuentas, lo que teóricamente incluía los productos farmacéuticos. A partir del otoño de 2025, vimos al Trump reanudar las conversaciones con las grandes farmacéuticas y pedirles que subieran los precios en Europa o restringieran el acceso europeo a determinadas moléculas, lo que contraviene totalmente el acuerdo que firmó. Habrá crisis, inestabilidad. Hay imprevisibilidad. Y ante ello, creo que la mejor manera es reducir el riesgo, reducir las dependencias y decidir por nosotros mismos en lugar de esperar a las próximas crisis.Emmanuel Macron, durante la entrevista. KAMIL ZIHNIOGLU (Le Monde)P. ¿Cómo maneja a nivel personal la relación con Trump? R. Soy profesional en mi forma de abordarlo. Siempre soy respetuoso y predecible. Pero no débil. Nunca he insultado a EE UU, ni a sus habitantes, ni a sus dirigentes. Creo que es una gran democracia. Pero cuando hay una agresión manifiesta, no debemos doblegarnos ni intentar llegar a un acuerdo. Hemos probado esa estrategia durante meses y no da resultados. Pero, sobre todo, lleva estratégicamente a Europa a aumentar su dependencia. Y por eso creo que la respuesta parte de una fuerza previsible y respetuosa. Europa debe convertirse en una potencia y está en plena metamorfosis. La ideología que impera hoy en EEUU es ostensiblemente y abiertamente antieuropea. No respeta a la Unión Europea y desea su desmembramiento P. ¿Qué tipo de potencia?R. Una potencia predecible para los mercados y para los actores políticos. Pero fuerte, que responda con rapidez, eficacia y democráticamente cuando es agredida. La gran fuerza de Europa es seguir preservando el Estado de derecho. Hoy tenemos a China, en manos de un solo poder y una estrategia a largo plazo. No comparte nuestros valores, a veces puede ser un socio en ciertos temas, pero es autoritaria. Y, en el otro lado, tenemos a EEUU, con cada vez más reglas extraterritoriales que pueden cambiar. Y, sobre todo, con una capacidad de coacción ajenas al Estado de derecho. Cuando se puede sancionar a un actor económico que no te gusta, cuando se puede obligar a alguien que viene a tu país a que te facilite cinco años de historial de datos para poder obtener un visado, cuando, con el pretexto de que está haciendo su trabajo, se sanciona a un comisario europeo porque le ha molestado -como es el caso de Thierry Breton- o se sanciona a una jueza de la Corte Penal Internacional porque ha hecho su trabajo y no le gusta, privándola de todos sus medios de comunicación y pago, eso ya no se llama Estado de derecho. Y lo digo porque para todos los inversores del mundo, para todos los industriales, si somos capaces de dar ese salto europeo a la potencia, al gran Estado de derecho democrático, será un factor de atracción colosal. Actuábamos como si fuera así en todas partes y ya no es así. P. Hay gobiernos en Europa que mantienen relaciones ideológicas con la administración estadounidense. R. Es una paradoja, porque a veces se trata de gobiernos nacionalistas y pueden terminar debilitando a sus países o a Europa. Veo claramente los límites de estos modelos. La ideología que impera hoy en día en EEUU, lo que también es una novedad histórica, es ostensible y abiertamente antieuropea. No respeta a la Unión Europea, muestra su desprecio en todos sus documentos estratégicos y desea su desmembramiento. No estamos obligados a dejarnos pisotear. Creo que todos esos gobiernos que pensaban que su proximidad ideológica podía dar resultados, han visto que no era así. Yo, con mucho respeto y amistad, deseo que se comprometan con el camino europeo. Ese camino es más poderoso. Pero habrá debates clave. EEUU, por ejemplo, nos va a atacar en los próximos meses en materia de regulación digital. P. ¿En qué sentido? R. Van a intentar imponer tarifas para los que lo usan. Nos van a obligar a ceder en eso. Ahí tendremos una buena prueba. Si lo hacen, será coacción. Tenemos mecanismos para protegernos y habrá que activarlos. Europa debe mostrarse firme en este tema. También en la iniciativa que lancé para proteger a nuestros hijos de las redes sociales. Su cerebro no está en venta. Las emociones de nuestros hijos no serán monetizadas por las grandes plataformas estadounidenses o chinas. Eso es soberanía, es la potencia de Europa. No delegamos nuestro modelo democrático. Queremos que se protejan nuestras preferencias colectivas, nuestra democracia y nuestros valores, que no son los mismos que los estadounidenses. Y por lo tanto, no queremos que nos los impongan. P. ¿A qué se refiere?R. Han optado por la privatización de las mentes y las emociones. De hecho, han optado por la privatización de sus adolescentes. Eso es lo que han hecho con su red, con las terribles consecuencias que vemos cada día. Nosotros no queremos eso. El presidente Macron, este lunes en el Eliseo. KAMIL ZIHNIOGLU (Le Monde)
Emmanuel Macron: “La estrategia de doblegarse ante Estados Unidos no da resultados” | Internacional
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