António José Seguro, el candidato socialista que en una primera encuesta hace meses no obtenía más que un 6% en intención de voto, se convertirá en el nuevo presidente de Portugal tras derrotar en las urnas al aspirante populista, André Ventura. Una victoria histórica por el respaldo masivo que ha recibido de los portugueses y porque es la consagración de un político que rehúye la polarización en tiempos donde arrasan los propagadores de odio. También por la gran movilización en un país devastado por la sucesión de temporales de las últimas dos semanas.El socialista recibió el doble de votos que en la primera vuelta, lo que constata la concentración a su alrededor de los electores que buscaban un presidente que respete las reglas del juego frente a la incertidumbre que representaba Ventura. En porcentaje, Seguro recibió el 66,8% mientras que el aspirante populista alcanzó el 33,1%. No habría así más sorpresa respecto a lo anticipado en las encuestas realizadas durante la campaña ni a lo ocurrido en la primera vuelta en enero, cuando se enfrentaron 11 candidatos y Seguro venció con el 31% de los votos que el margen de la victoria, mucho más holgada de lo previsto. “Estoy emocionado con el apego del pueblo portugués a los valores constitucionales”, dijo Seguro en su primera declaración. El triunfo significa también el regreso de un socialista a la jefatura del Estado después de 20 años de políticos del centroderecha (Partido Social Demócrata) como Aníbal Cavaco Silva y Marcelo Rebelo de Sousa. Pero no es una victoria de un partido. Primero porque las candidaturas presidenciales son personales y transversales. Y segundo porque se trata de una victoria personal rotunda de António José Seguro (Penamacor, 63 años), que fue un candidato denostado en un primer momento por destacados representantes del Partido Socialista (PS). La irrupción de Seguro no fue celebrada en el aparato socialista hace meses, pero su victoria ha hecho que todos cerrasen filas a su alrededor, incluidos críticos del pasado. Y el presidente electo, que abandonó el liderazgo socialista en 2014 tras perder las primarias frente a António Costa, dejó claro que pasa página. “Yo miro hacia el futuro”, declaró mientras avanzaba a duras penas y bajo la lluvia hacia el centro cultural de Caldas da Rainha, donde le aguardaban sus seguidores.El resultado, en cualquier caso, proporciona una sobredosis de optimismo para su organización, que atraviesa el peor momento de su historia. En las últimas elecciones legislativas, el PS fue superado por Chega, el partido de ultraderecha fundado en 2019 por André Ventura (Algueirão-Mem Martins, 43 años), y quedó relegado a la tercera posición en el Parlamento, un hecho insólito en democracia. Uno de los primeros en celebrar el resultado fue el líder socialista, José Luís Carneiro, para destacar que se trata de “la victoria de todos los demócratas” y “los derechos constitucionales”. Carneiro destacó el apoyo plural reunido alrededor de Seguro, que ha ido más allá del campo socialista y que había recibido el respaldo de diferentes personalidades de la derecha.Simpatizantes del Partido Socialista reaccionan a los primeros resultados del recuento de votos durante las elecciones presidenciales de Portugal, este domingo en Lisboa.Ana Brigida (AP)Ventura también reaccionó con rapidez para reconocer la victoria de su rival, pero reivindicó como un logro para Chega superar el 30% de los votos a pesar de la “unión de todo el sistema contra mi candidatura”. Su objetivo para esta vuelta era superar el 31% de los votos que obtuvo la coalición liderada por el primer ministro Luís Montenegro en las elecciones anticipadas de 2025 para evidenciar que puede ser un serio aspirante a sustituirle en el Gobierno en la próxima convocatoria. Tras haber rebasado los 1,7 millones de votos, un nuevo hito para un partido con solo seis años de vida, Ventura reivindicó para sí el liderazgo dela derecha y pronosticó que gobernarán “en breve este país”. En campaña, António José Seguro ha prometido lealtad institucional con el Gobierno, en manos de una coalición de centroderecha, pero también exigencia para pedir respuestas eficaces para resolver algunas crisis importantes del país, como la sanitaria y la falta de prevención ante catástrofes, como ocurrió en los incendios del verano y ahora con la tempestad Kristin y sus sucesoras. En su discurso, el primer ministro Luís Montenegro ofreció su voluntad de cooperar con el presidente electo y mostró su confianza en que ahora se inicie un ciclo de estabilidad política. “Se podrán hacer lecturas políticas distintas, pero en estas elecciones no estaba juego el Gobierno”, indicó el primer ministro. António José Seguro también anticipó que no promulgaría la reforma laboral, que ha diseñado el Gobierno y que ha sido contestada en la calle con una huelga general por aumentar la precariedad, si no logra un consenso mayor, algo que Montenegro avanzó como posible en su intervención de este domingo. Vetar leyes es una de las prerrogativas del presidente de la República de Portugal, así como disolver la Asamblea de la República y convocar elecciones anticipadas. Por su perfil conciliador, Seguro ha logrado atraer apoyos a su derecha y a su izquierda, que se han movilizado para cerrar el paso a Ventura, un político procedente del centroderecha que se ha radicalizado para conquistar el poder con un discurso contra inmigrantes, gitanos y corruptos, que engancha a una parte de la población.Los portugueses han votado más que en otras elecciones presidenciales, a pesar de la desolación que recorre una parte del país tras los graves destrozos causados por la sucesión de temporales, algo destacado por el primer ministro, Luís Montenegro, como “una prueba de madurez” durante su discurso. Para la jornada de este domingo fue necesario alterar la ubicación de 66 colegios electorales y aplazar la votación una semana en tres localidades, donde residen unos 36.000 electores, que se pronunciarán sabiendo ya el veredicto final. Unas 76.000 personas pasaron el domingo sin electricidad ―la mayoría está sin luz desde hace más de una semana― y varios miles están también sin suministro de agua. En algunas zonas aisladas por las crecidas de agua, como Ereira, se garantizó la votación mediante el desplazamiento en zodiac, realizado por militares y bomberos. El temporal, que ha causado 15 muertes y obligado a evacuar a un millar de personas, ha destrozado miles de casas, fábricas y cosechas. El Gobierno ha movilizado un plan de ayudas por valor de 2.500 millones de euros, pero su lentitud inicial a la hora de responder le ha situado en el centro de las críticas de la oposición y de los alcaldes de los municipios afectados. La destrucción impactó de lleno en la campaña electoral y obligó a los dos candidatos a improvisar una agenda adaptada a la nueva realidad. André Ventura promovió campañas de recogida de bienes esenciales y se filmó cargando botellas de agua para los damnificados. António José Seguro visitó varias localidades dañadas sin prensa en los primeros momentos. Ambos candidatos han criticado la falta de previsión y la respuesta inicial del Gobierno, aunque desde un tono diferente. Es la segunda vez en la historia de la democracia portuguesa que se celebra una segunda vuelta para elegir al próximo jefe del Estado. La anterior ocurrió hace cuatro décadas, cuando se enfrentaron el socialista Mário Soares y el conservador Diogo Freitas do Amaral. En aquella ocasión, Soares se impuso por un margen estrecho de 150.000 votos. En esta, la diferencia entre Seguro y Ventura superó los 1,7 millones.

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