Jineth Bedoya LimaCrónica publicada en 200830 de enero 2026, 12:40 A.M. Actualizado:30.01.2026 00:40“Está grave, pero estable; le voló del tobillo hacia abajo”. Agitado, el teniente Ramírez informa por el radio, desde un punto remoto bajo la tupida selva de Uribe (Meta), que uno de sus hombres acaba de pisar una mina. Se está desangrando.Son las 10:42 de la mañana del sábado 31 de mayo. En el puesto adelantado de la Fuerza de Despliegue Rápido (Fudra), en plena operación contra el Bloque Oriental de las Farc, varios militares se preparan para celebrar un cumpleaños. Pero antes de que el capitán Henry Vallejo pueda probar un bocado del ponqué, es llamado para atender la emergencia.Es uno de los pilotos de la Aviación del Ejército. Además de transportar tropa, municiones y abastecimientos en su helicóptero, su misión incluye, en medio de arriesgadas maniobras, salvar vidas de compañeros heridos en combate.Los soldados se preparan para iniciar la labor de rescate para el soldado herido, Leonel Chalá.Foto:Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO“Está sobre el Guayabero, en plena selva, y no hay cómo aterrizar. Están combatiendo, así que tendremos que colgarlo del helicóptero y llevarlo hasta un helipuerto que abrieron a cuatro kilómetros”, le explica el capitán Vallejo al equipo periodístico de EL TIEMPO que logra colarse en el rescate.“Sin chaleco antibalas no pueden subir, tienen que ponerse arneses y estar amarrados…, las puertas del helicóptero van abiertas”, agrega.La sola explicación causa algo de pánico, nada comparado con lo que se vivirá en la hora y 20 minutos que siguen al despegue de la base militar en Uribe.MAYO 31 2008 UNA DE VARIAS FOTOGRAFÍAS EN QUE SE VE EL RESCATE DELSOLDADO PROFESIONAL WILSON CHARA TAPIERO, QUIEN CAYO EN UN CAMPOMINADO DE LAS FARC EN LA ZONA DEL SUR DEL META.FOTO HECTOR FABIO ZAMORA / EL TIEMPO Los militares realizan el operativo en medio de un panorama nublado y lluvioso que dificultó el proceso de rescate.Foto:Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPOHan transcurrido 10 minutos desde el llamado y ya con la aeronave encendida aparecen Marco Ruiz, Henry Toscano y Luis Ariel Laverde. Son los tres soldados profesionales, duchos en atención médica de emergencia, encargados de recuperar a los heridos. Tienen una pistola para cualquier eventualidad, pero son militares poco comunes: no van pendientes del enemigo ni de sus propias vidas, sino de salvar a sus pacientes.El Black Hawk EJC-186 sale hacia la selva. Por radio, la compañía de Recuperación de Personal (piloto, copiloto, dos técnicos tripulantes y los tres soldados) va recibiendo indicaciones sobre el sitio donde está Leonel Chalá, el militar que perdió una de sus piernas en medio de la guerra.Mientras volamos al sitio se piensan muchas cosas, y cuando se saca al herido toda la energía es para ese soldado…, para que no se nos muera, pada poder salvarle la vidaCapitán Henry Vallejo, piloto al mando del EJC-186, de la Aviación del Ejército La vida en una sogaPor las puertas corredizas del helicóptero se ve el cañón del Papaneme imponente, encerrado entre cerros y cuchillas de verde intenso. A lo lejos se divisa la cordillera de Los Picachos, ya en el Huila.En cambio, la visibilidad en la zona directa de la operación es casi nula. “Vamos a girar y a meternos por debajo de la nube para intentar entrar”, dice Ruiz mientras guinda las cuerdas de las que minutos más tarde sujetarán al soldado Chalá.Pero pasa un cuarto de hora más y no encuentran un claro. Entonces el capitán Vallejo decide metérsele a la nube. El ruido del rotor alerta a los soldados en tierra y de entre la neblina aparece un humo azul. Es la señal para identificar el sitio.En el aire, colgados del helicóptero, va Chalá en una camilla, junto a él,  sus compañeros miran hacia la cabina, esperando a que suban la soga.Foto:Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPOEstá lloviendo. Abajo se alcanzan a percibir los gritos de los soldados, que desesperados intentan guiar el aparato. El piloto da la orden y Toscano y Laverde se lanzan al vacío con la vida pendiente de una soga.Cuidadosamente la aeronave desciende para que Toscano y Laverde toquen tierra y aseguren la camilla en el suelo. Bajar la camilla, asegurar al herido y salir del sitio debe durar ocho minutos como máximo. Es el límite para que un Black Hawk se quede suspendido en el aire. Esta vez lo hicieron en seis.Toscano anuncia por el radio que ya se pueden elevar y el helicóptero parte con rumbo a las coordenadas donde abrieron el helipuerto, con los dos rescatistas y el herido colgados de sus cuerdas.El plan es que no pasen más de diez minutos para hacer una breve parada en el helipuerto improvisado y proceder al embarque definitivo en la nave.Entonces llega la emoción más fuerte: ver el dolor del soldado Chalá.En el helicóptero, los soldados acompañaron a Chalá, quien gritaba del dolor.Foto:Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPOLa cobija que Laverde le puso encima para protegerlo de la lluvia no dejaba ver la gravedad de la lesión. Guantes quirúrgicos, suero, un toque de aliento en la frente y el torniquete… Los gritos incluso tapan por momentos el ruido de las aspas del helicóptero.El cuadro no es sencillo. Los apósitos no logran controlar la hemorragia de la pierna derecha, que en realidad está perdida de la rodilla hacia abajo. El dolor es tan intenso que con las pocas fuerzas que le quedan Chalá se inclina y se sujeta el muslo con las dos manos.Ruiz, Toscano y Laverde lo calman. Intentar una palabra de aliento es un absurdo en medio del drama que está viviendo este joven. Sus ojos hinchados están enrojecidos por el llanto.Después de 20 minutos de vuelo, el capitán Vallejo pide apoyo por radio al batallón Cazadores, en San Vicente del Caguán (Caquetá). Allí los médicos ya se preparan para recibir al soldado.El aguacero arrecia y hay que bajarlo en medio de una fuerte lluvia. En el Cazadores, otro grupo de soldados rescatistas espera a Chalá. Así lucía el cielo, mientras el helicóptero que llevaba a los militares iniciaba su operación de rescate.Foto:Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPORuiz, Toscano y Laverde le dan una palmada de aliento y ponen sus manos con el pulgar hacia arriba, deseándole suerte. Es su rescatado 37 de este año. “Todos han sobrevivido”, dicen con orgullo.JINETH BEDOYA LIMADirectora de No Es Hora De Callar

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