Los cubanos todavía están en shock. Este jueves, mientras miles de personas respondían al llamado de las autoridades de la isla y se agolpaban a un lado y otro de la Avenida Independencia, que conecta el Aeropuerto Internacional “José Martí” con el centro político del país, donde se ubica el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR), las conversaciones discurrían alrededor de los recientes sucesos ocurridos en Venezuela. Conversaban y se lanzaban teorías los unos a los otros, mientras los restos de los 32 militares cubanos caídos durante el enfrentamiento con tropas estadounidenses, que tuvo como resultado la captura de Nicolás Maduro y su esposa, descendían por la escalerilla de un avión proveniente de Caracas.Al bajar, ceremonia militar mediante, aguardaban sus familiares y los gobernantes del país caribeño, entre los que se encontraba el presidente cubano Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro. Horas antes, los medios oficiales cubanos informaron de la llegada de otra aeronave y, por primera vez, se supo que otros cubanos resultaron heridos y salieron con vida del enfrentamiento que ha sido calificado en varias ocasiones por la autoridades cubanas como “una feroz batalla”. Urnas de los militares fallecidos en las instalaciones del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.Ernesto Mastrascusa (EFE)Si algo ha demostrado el castrismo a lo largo de 67 años al mando en la isla caribeña es que sabe cuidar cada detalle de sus liturgias, aunque todos los vientos de la realidad le soplen en contra. No importan los apagones, la crisis económica, la basura que abunda en las ciudades. Miles de personas fueron trasladadas a distintos puntos y colmaron la ruta del cortejo que cubre unos 20 kilómetros hasta la institución castrense, donde acontecieron las honras fúnebres. Militares de todas las denominaciones, médicos, trabajadores de ministerios y empresas del Gobierno, estudiantes, deportistas. Muchos madrugaron para estar allí y cumplir con la convocatoria, sin margen para remilgos.Junto al General de Ejército recibimos en la Patria los restos de los 32 héroes caídos en duro combate en defensa de la soberanía de #Venezuela y su Presidente Nicolás Maduro. Ni la fría lluvia ha podido detener el emocionado tributo del pueblo. #HonorYGloria pic.twitter.com/ZkkW8ntwbB— Miguel Díaz-Canel Bermúdez (@DiazCanelB) January 15, 2026
Pero los rostros de cansancio se mezclaban entre sí. Un hombre le preguntaba a su compañero: “¿Hasta cuándo es esto?”, tras notar que casi eran las 9:00 de la mañana y el cortejo fúnebre no pasaba. Y a “en punto” pasó. Todos en fila, expectantes, muchos con banderas en sus manos y el silencio. Eran 32 cajas de mármol cubiertas por 32 banderas cubanas que transitaban a velocidad constante por la avenida y a su paso el silencio daba paso a la euforia de las consignas de siempre.“Es un momento muy doloroso que nos costará procesar”, confiesa a EL PAÍS la sobrina de uno de los 32 militares muertos, que habla en condición de anonimato y no ha querido que se identifique a su familiar fallecido. “Mi tío era un tipo alegre, un jodedor tremendo. A la vez, era muy estricto con su trabajo y en la familia siempre se vivió su ocupación como un gran secreto. No debía saberse que trabajaba de guardaespaldas de Fidel (Castro) y otras misiones que constantemente lo tenían lejos de casa, como esta de Venezuela. Y ellos no llevaban tanto tiempo allá desde que fueron destinados”, cuenta. Una caravana transporta las urnas de los agentes cubanos, cubiertas con la bandera cubana, en La Habana este jueves.
Norlys Perez (REUTERS)El Gobierno de la isla ha recibido a los combatientes caídos —a quienes la prensa oficial se refiere como colaboradores— con todos los honores, e incluso dispuso la promoción de sus grados militares, de manera póstuma, evaluando su trabajo como “misión cumplida”. Hay quienes perciben cierto triunfalismo en la narrativa las autoridades, en medio de las circunstancias actuales que vive la isla caribeña, plagadas de incertidumbre y con las declaraciones encendidas que desde el ataque a Venezuela lanza la Administración Trump contra La Habana casi a diario.Entre los cubanos que esperaban para acceder a las honras fúnebres en el MINFAR estaba Mariela Castro, hija de Raúl Castro, junto a sus colegas del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) que dirige. Muy cerca, Maiteé Navarro Giro, asesora jurídica de esa institución, no disimulaba su preocupación y tensión por lo que se ha visto en los últimos días, en las noticias, y por los días que le esperan a los cubanos. Para ella, “independientemente del lado del que milites, es duro conocer que murieron compatriotas en cualquier parte del mundo”.Navarro recuerda que ya vivió este tipo de peregrinación cuando murió Hugo Chávez en 2013, y luego Fidel Castro en 2016; pero en esta ocasión las cosas tienen un gusto diferente. “Después de la intervención de Estados Unidos en Venezuela pienso que el terreno para que la fractura política saliera más a la luz se agudizó”, dijo. En ese contexto, ella está convencida de que “hay que estar del lado del débil, de lado del que siempre sale perdiendo en todos los sistemas, de lado del que mataron y está claro que el imperio nunca es la respuesta correcta”.Homenaje a los 32 soldados caídos en Cuba, en La Habana.Norlys Perez (REUTERS)Esa fractura se evidenció este jueves, hasta cierto punto, cuando otros miles de Cubanos eligieron quedarse en sus casas e intentar resolver su agitada cotidianidad. Entre ellos está Dariel Álvarez, un trabajador del sector del turismo, que no se sintió interpelado por la convocatoria del Gobierno. “Y no es por falta de empatía”, aclara. “Comparto el dolor de las familias, pero siento que esas concentraciones —habla también en alusión a una marcha convocada para el viernes, frente a la misión diplomática de Estados Unidos en La Habana— no van a resolver absolutamente nada”.Para él, cada vez que le hablan de las amenazas que representa la política actual de Estados Unidos para la soberanía cubana, le suena a discurso gastado, a pesar de los acontecimientos recientes en Venezuela. “La amenaza es no tener qué comer mañana, no tener dinero para poder transportarme hasta mi trabajo; la amenaza es que no te paguen tu salario en tiempo. Este pueblo está desgastado, la narrativa del gobierno está desgastada. Esa idea del pueblo unido es un paripé”, agrega.
